viernes

sábado

***CANTOS DE MARÍA SABINA***


Soy mujer que mira hacia adentro
Soy mujer luz del día
Soy mujer luna
Soy mujer estrella de la mañana
Soy mujer estrella dios
Soy la mujer constelación guarache
Soy la mujer constelación bastón
Porque podemos subir al cielo
Porque soy la mujer pura
Soy la mujer del bien
porque puedo entrar y salir del reino de la muerte
Soy una mujer sin sangre
El pájaro me roba la sangre
El libro abierto me roba la sangre
El agua me roba la sangre
El aire me roba la sangre
La flor me roba la sangre
Me conocen los santos del cielo y los ángeles
Dios me conoce
El corazón de la Santísima Madre de Cristo
El corazón de Nuestro Señor Jesucristo
Soy una mujer que llora
Soy una mujer que escupe
Soy una mujer que ya no da leche
Soy una mujer que habla
Soy una mujer que grita
Soy una mujer que da la vida
Soy una mujer que ya no pare
Soy una mujer que flota sobre las aguas
Soy una mujer que vuela por los aires
Soy una mujer que ve en la tiniebla
Soy una mujer que palpa la gota de rocio
posada sobre la yerba
Soy una mujer hecha de polvo y vino aguado
Soy una mujer que sueña mientras la atropella el hombre
Soy una mujer que siempre vuelve a ser atropellada
Soy una mujer que no tiene fuerza para levantar una aguja
Soy una mujer condenada a muerte
Soy una mujer de inclinaciones sencillas
Soy una mujer que cría víboras y gorriones en el escote
Soy una mujer que cría salamandras y helechos en el sobaco
Soy una mujer que cría musgo en el pecho y en el vientre
Soy una mujer a la que nadie besó jamás con entusiasmo
Soy una mujer que esconde pistolas y rifles
en las arrugas de la nuca
Soy mujer que hace tronar
Soy mujer que hace soñar
Soy mujer araría, mujer chuparrosa
Soy mujer águila, mujer águila dueña
Soy mujer que gira porque soy mujer remolino
Soy mujer de un lugar encantado, sagrado
Porque soy mujer aerolito
Cantos de María Sabina!!!

domingo

*** ¿Cuál es el secreto del águila?***


 El águila es un ave de gran longevidad. Llega a vivir 70 años. Pero para lograrlo, a los 40 debe tomar una seria y difícil decisión.
A esa edad, sus uñas están apretadas y flexibles y no consigue tomar a sus presas de las cuales se alimenta. Su pico largo y puntiagudo, se curva, apuntando contra el pecho. Sus alas están envejecidas, pesadas y sus plumas gruesas. Volar se le hace ya muy difícil.
Entonces, el águila tiene solamente dos alternativas: morir o enfrentar un doloroso proceso de renovación que durará 150 días.
Ese proceso consiste en volar hacia lo más alto de una montaña y quedarse ahí, en un nido cercano a un paredón, en donde no tenga la necesidad de volar. Después de encontrar ese lugar, el águila comienza a golpear su pico en la pared hasta conseguir arrancarlo. Luego debe esperar el crecimiento de uno nuevo con el que desprenderá una a una sus uñas. Cuando éstas comienzan a nacer, también renovará sus plumas viejas.
Después de cinco meses, sale para su vuelo de renovación y a vivir 30 años más.
 ———————————————————
Situaciones parecidas nos suceden a lo largo de la vida. Hay momentos en que parece que ya hemos dado en nuestro trabajo, familia, comunidad, todo lo que teníamos. Nuestra vida suele verse gris y envejecida.
¡Estamos en un punto de quiebre! O nos transformamos como las águilas o estaremos condenados a morir.
La transformación exige, primero, hacer un alto en el camino. Tenemos que resguardarnos por algún tiempo, volar hacia lo alto y comenzar un proceso de renovación. Sólo así podremos desprendernos de esas viejas uñas y plumas para continuar un vuelo de renacimiento y de victoria.
Y ¿Cuáles son esos picos, plumas y uñas de los que tenemos que desprendernos?
Es importante para cada uno hacer un auto-análisis, una introspección y descubrir qué es aquello de lo que uno debe deshacerse.
Los budistas dicen: “despréndete de tus máscaras”, de todo lo que te impida ver tu verdadero rostro en el espejo. Aquello que te separe de lo que realmente eres.
Osho lo llama las máculas, las manchas que impiden que el brillo que somos se proyecte desde nosotros, embelleciendo literalmente nuestra vida, dándole un resplandor sublime y mayor a cada paso. Cada uno sabe cuáles son esas máculas, esos impedimentos mentales alimentados por el ego y el deseo y mantenidos en actividad por la amnesia que estamos padeciendo quizás desde varias vidas.
Es hora de despertar. De vivir. De dejar de sobrevivir. De vivir en plenitud y gozo.

***la voz del agua…***


EL AGUA: SU VOZ, SU CANTO
Por María Isabel Lara Millapan(Poeta mapuche)
Hoy escucho la voz del agua en el estero
y susurra como el viento;
su voz es de espera,
su canto la lluvia que se llevan mis palabras
para pronunciar la historia que en mis sueños florece.
Le escucho entre el canto de las aves
y en su corazón me dice
que no han vuelto a llenar los cántaros para el muday,
no ha vuelto a ver sumergirse los chaiwe con mote, de maíz o trigo,
ya nadie viene a derramarle desde sus labios en un llellipun
que llegue hasta las sirenas.
Dueño de las aguas no han vuelto a decir siquiera,
sólo ha sido el espejo de los árboles que van quedando,
del sol, de la luna que le mira con ternura,
pero no de los ojos, mojándose al amanecer, para despertar.
Hoy no importa gritar,
rodearle de máquinas que ensordecen sus oídos y el de los peces,
arrancar sus vertientes, aunque le sequen.
¿Y mi gente?
Ya no recorren las orillas
donde aún descansan las mariposas.
Hay flores de chilko, copihues y remedios
que acabarían con tu dolor, hermano de la tierra.
Su voz se lamenta,
su canto reclama,
no me hagas llorar te pide,
no me hagas llorar,
mientras va soñando en silencio
con seguir viviendo más allá de las vertientes, de los ríos y del mar.
Hoy no importa gritar
y cuando niña mis abuelos me decían :
pide permiso antes de pasar,
moja tus manos,
soy mapuche ,dile
y no ando haciendo daño,
háblale y espera lo que dirán sus torrentes en tus sueños…

jueves

***En el nombre de la Madre***

En el nombre de la Madre
la gran antepasada nuestra,
de su hija Estrella
y de todos los seres vivos
que emergieron de su vientre
en los tiempos primeros
cuando danzaba abriendo
las aguas del mar original.

En el nombre de la Diosa

de la vida en la muerte,
de la muerte en la vida
y de su amante Solar,
nacido en su plateada luz,
enterrado, cada noche,
en el lado oscuro.
Fecundador y víctima
que Ella resucita como alimento.

En el nombre de la Suprema,

de su hermana Gemela,
de sus ninfas, chamanas y justicieras,
cantamos la antigua tradición
de la Triple Diosa
primera entre todas
las deidades y religiones.
Degradada e ignorada
por los dioses de la espada y el caballo,
que pisotearon los verdes campos de esta Madre,
violando a sus mujeres,
esclavizando a sus varones,
arrancándole la sabiduría
de la regeneración.

En el nombre de la Amante universal:

Doncella blanca, reservada a sí misma,
Mujer roja, entera y llena de la sangre
que fluye sin crueldad,
Anciana negra, tejedora de destinos
y que en su luto trae la eternidad.

En los tiempos de las invasiones

susurraste en el oído del ollave;
cruzaste el camino del ermitaño;
realizaste los milagros del mago;
para que guardaran tus dones
después que los sacerdotes guerreros
te exiliaron de las entrañas y mentes
de tus sacerdotisas y profetisas,
condenando a toda mujer
a la inmovilidad y el silencio.

Unas pocas, como Astrea,

lograron escapar de los hombres de hierro
ocultándose en bosques y cuevas,
horrorizadas al ver la piedad vencida.
En esos parajes sagrados
te invocaron Némesis, justicia feraz
que habita en el soto de Belili.
Esas suaves y fervientes neolíticas
tomaron el arco y el carcaj
de los cazadores paleolíticos
contra los pastores de la estepa.

Convertidas en jinetas feroces,

únicas matriarcas que sacaron
a la luz la ira mujeril,
resistieron el sometimiento
hasta el límite de la extinción.

Pero cuando el hierro venció al bosque

capturadas, fueron prostituídas
al servicio de los jefes de clan,
inventores homéricos de tus raptos
y clandestinidades con sus dioses.

Las descendientes de esas arqueras

retornaron a la cuevas sagradas
de las antiguas recolectoras de frutos.
Temidas brujas del caldero
que celebraron tus misterios
y apariciones en las encrucijadas:
tímida Corza Blanca,
seductora Andra Mari,
inflexible Dama de las Quijadas,
ciñiendo a principes y emperadores
con el eco de la vida usurpada.

No volvimos a escuchar

historias de la pesadilla
hasta la época del oro nuevo
cuando los conquistadores ibéricos
relataron a las Amazonas del río
en la selva virgen del sur.
Y cuando las Mujeres pobres
de la pequeña Nicaragüa
se vistieron de soldadas,
fusil al hombro, seno amamantando,
para defender a los suyos
del dictador infame.

Reina del Cielo volvemos a evocarte

como niños que balbucean
la primera comunicación.
Te llamamos: Pachamama,
Isis Resurrectora y Luna Triple.
Dibujamos algunos símbolos tuyos:
laberintos y serpientes enlazadas.
Y caminamos tras tus huellas
en el cuerpo y la naturaleza
con la esperanza de concluir
este largo peregrinaje
de la violencia suicida.
Reiniciaremos el gran ciclo de vida,
pronunciando el nombre de la Rosa.

Señora de las metamorfosis,

Mujer pletórica, Madre agrícola,
Andrógina del mar y del amor,
Jueza de vivos y muertos,
Sofía de lo oculto,
Musa de lo humano,
Caliz abundante,
Serpiente de todos los tiempos
y Árbol de la Vida,
creaste este dilatado jardín
con todas las energías
diferentes y complementarias
durante tu incesante canto,
uniendo siempre tus cuernos
para que los seres vivan
en acoplado encuentro
al descubrir que para ser uno
primero hay que existir como dos.
Preguntan los que quieren querer
si habrá una existencia mejor
que el hastío femenino
y la prepotencia masculina;
si tendremos que ensayar
algún rito de luna y sol;
adoptándote como hija desaparecida
convertidos en Démeter.

Deseamos que vuelvas a los días

de los humanos y sus gentes.
Habita nuevamente en las madres
porque cada noche y cada mañana
ellas no han dejado de llamarte.

Diosa Madre, en tu nombre

intentaremos alguna manera
para que el Padre, al fin,
bese tus labios y se integre
a la mujer, al varón y al mundo.

II

He sido, como muchas,
una mujer en la colina
que recibió tu abrazo
en inviernos blancos de nieve,
primaveras de flores y frutos,
y otoños de álamos dorados,
cuando estaba en el valle
y habitaba los bosques de araucarias.

He sido una mujer que se baña

con la luz de tus lunas
desde el día que ví
a los caciques mapuches
danzar dentro del círculo,
convertidos en pumas, ñandúes y serpientes,
bajo el impulso del kultrún de la machi;
y derramar la sangre de machos cabríos
sobre su Pachamama.

He sido una mujer con una espada

atravesada en la garganta
hasta que las Madres de la plaza
encarnaron tu ancestral derecho,
quitando la venda que cubría
los ojos de la luminosa Temis,
cuando sus hijas e hijos
fueron secuestrados
hacia una muerte sin retorno,
inflingida por viles patriarcas.

He sido una mujer indiferente

a las amenazas del pecado
desde los años que leí las hojas
de los árboles que plantaron
Safo, Juana Inés, Alfonsina
y tantas otras que develaron
las mentiras de los diabólicos
retratos de tus amados,
el dogma del sexo impuro
y la retórica de las hogueras,
las guerras y los mercados.

He sido una mujer que pregunta

por las diosas que las estatuas
de la ciudad aún representan,
dónde la Virgen de los altares,
dónde las Nereidas de Lola Mora,
dónde la Madre Patria...

Y he invocado a tus mensajeras

para que nos hablen de ellas
cuando anuncien tu retorno a estas playas.
Que hagan vibrar estas cuerdas heridas
y canten con nosotras tu enojo,
tu belleza, tu vuelta,
ahora que no hay mandato
que nos deje sin luna,
ni exilio que nos separe de Tí.

III

Canta, Musa, a la que retorna,
canta la antigua tradición
de cuando dios era mujer.

Canta a la que fue y sigue siendo

Una, tres y trece veces ella misma.
Habítanos para que todos conozcan
a la Gran Madre cuyo nombre, dices,
es Resplandor, paloma exaltada de la vida.

Dánzanos, Ninfa, la mente y el útero

para que abandonemos la crisálida,
limpios los oídos de tanta carga
y abramos las alas de la conciencia.

Cuéntanos, Sabia, el relato

y el poema de su mágica presencia
ahora que encendimos ónfalos
en el mundo y crepitan
los corazones sobre las brasas.

Inspíranos, Astuta

que estamos listas
a la llegada de la Señora del paraíso,
la que viste la túnica, abigarrada,
con los colores del excelso fruto
del amor, la justicia y la sabiduría.

Analía Bernardo

Publicado por la autora en su libro "Deirdre y la Diosa del Amor"
Colección Mitología Femenina, edición de autor en diskette.
analiabernardo@yahoo.com

***LOS PORTADORES DE SUEÑOS***





En todas las profecías está escrita la destrucción del mundo.

Todas las profecías cuentan
que el hombre creará  su propia destrucción.

Pero los siglos y la vida

que siempre se renueva
engendraron también una generación
de amadores y soñadores;
hombres y mujeres que no soñaron
con la destrucción del mundo,
sino con la construcción del mundo
de las mariposas y los ruiseñores.

Desde pequeños venían marcados por el amor.

detrás de su apariencia cotidiana
guardaban la ternura y el sol de medianoche.
Las madres los encontraban llorando
por un pájaro muerto
y más tarde también los encontraron a muchos
muertos como pájaros.
Estos seres cohabitaron con mujeres traslúcidas
y las dejaron preñadas de miel y de hijos verdecidos
por un invierno de caricias.
Así fue como proliferaron en el mundo los portadores sueños,
atacados ferozmente por los portadores de profecías
habladoras de catástrofes.
Los llamaron ilusos, románticos, pensadores de utopías
dijeron que sus palabras eran viejas
y, en efecto, lo eran porque la memoria del paraíso
es antigua al corazón del hombre.
Los acumuladores de riquezas les temían
lanzaban sus ejércitos contra ellos,
pero los portadores de sueños todas las noches
hacían el amor
y seguía brotando su semilla del vientre de ellas
que no sólo portaban sueños sino que los
multiplicaban y los hacían correr y hablar.
De esta forma el mundo engendró de nuevo su vida
como también había engendrado
a los que inventaron la manera
de apagar el sol.

Los portadores de sueños sobrevivieron a los

climas gélidos pero en los climas cálidos casi parecían brotar por
generación espontánea.
Quizá las palmeras, los cielos azules, las lluvias
torrenciales tuvieron algo que ver con esto,
la verdad es que como laboriosas hormiguitas
estos especímenes no dejaban de soñar y de construir
hermosos mundos,
mundos de hermanos, de hombres y mujeres que se
llamaban compañeros,
que se enseñaban unos a otros a leer, se consolaban
en las muertes,
se curaban y cuidaban entre ellos, se querían, se
ayudaban en el
arte de querer y en la defensa de la felicidad.

Eran felices en su mundo de azúcar y de viento,

de todas partes venían a impregnarse de su aliento,
de sus claras miradas,
hacia todas partes salían los que habían conocido
portando sueños soñando con profecías nuevas
que hablaban de tiempos de mariposas y ruiseñores
y de que el mundo no tendría que terminar en la
hecatombe.
Por el contrario, los científicos diseñarían
puentes, jardines, juguetes sorprendentes
para hacer más gozosa la felicidad del hombre.

Son peligrosos – imprimían las grandes rotativas

Son peligrosos – decían los presidentes en sus discursos
Son peligrosos – murmuraban los artífices de la guerra.
Hay que destruirlos – imprimían las grandes rotativas
Hay que destruirlos – decían los presidentes en sus discursos
Hay que destruirlos – murmuraban los artífices de la guerra.

Los portadores de sueños conocían su poder

por eso no se extrañaban
también sabían que la vida los había engendrado
para protegerse de la muerte que anuncian las
profecías y por eso defendían su vida aun con la muerte.
Por eso cultivaban jardines de sueños
y los exportaban con grandes lazos de colores.
Los profetas de la oscuridad se pasaban noches y días enteros
vigilando los pasajes y los caminos
buscando estos peligrosos cargamentos
que nunca lograban atrapar
porque el que no tiene ojos para soñar
no ve los sueños ni de día, ni de noche.

Y en el mundo se ha desatado un gran tráfico de

sueños que no pueden detener los traficantes de la muerte;
por doquier hay paquetes con grandes lazos
que sólo esta nueva raza de hombres puede ver
la semilla de estos sueños no se puede detectar
porque va envuelta en rojos corazones
en amplios vestidos de maternidad
donde piesecitos soñadores alborotan los vientres
que los albergan.

Dicen que la tierra después de parirlos

desencadenó un cielo de arcoiris
y sopló de fecundidad las raíces de los  árboles.
Nosotros sólo sabemos que los hemos visto
sabemos que la vida los engendró
para protegerse de la muerte que anuncian las
profecías.

Gioconda Belli
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