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EL RETORNO DE LOS MAGOS PARTE 1




1.- Los Nordicos.

Nosotros somos Nórdicos; somos Polares.
En nuestras meditaciones, concentramos la fuerza y la mente, cesando la respiración del mundo y nos orientamos hacia el Norte, hacia el Polo, esto es, miramos hacia la Estrella Polar. La Estrella del Extremo Septentrión, es el punto inmanente que permanece fijo e inalterable mientras el universo todo gira en torno, como giran las aspas de del molino la esvástica.

La impasible Estrella Polar es el Sol Negro, el centro espiritual opuesto al Sol de Oro de la Creación. Este Sol Negro permanece vinculado a la eternidad: por esto miramos al Impasible Polo, de espaldas al Sol de este mundo. En el Sol Negro hallamos el punto fijo inalterable que permanece libre, más allá de la Creación satánica del Uno Jehová en la que todos los bichos se devoran, nos devoramos unos a otros.

Por él, por el Sol Negro, concentrados en nosotros mismos, nos desvinculamos del mundo mientras todo gira en derredor. Finalmente, la absoluta impasibilidad del Sol Negro nos vincula a la esencia eterna de la divinidad.Desde el Más Allá, a través del Sol Negro, desde su divina impasibilidad diamantina, los dioses nos llaman para que nos unamos a ellos y nos liberemos de la cárcel de la locura del mundo demiúrgico y de su ciclo asesino de muerte.

Al Más Allá acuden los héroes que desafían la maldición del mundo liberándose de las cadenas de la esclavitud.Ahí quería llegar Pitheas de Marsella en el siglo III a.C. buscando el Extremo Septentrión: y llegó hasta la isla de Islandia. Y su peregrinaje por el mundo exterior no fue sino el reflejo del viaje de retorno a Hiperbórea que el genio del navegante marsellés había iniciado en su propio interior. Mas, finalmente, “ni por tierra ni por mar hallarás el hogar de los hiperbóreos”.

Como explica Miguel Serrano, sólo alcanzaremos a los dioses por sincronía, esto es, cuando nosotros lleguemos a convertirnos en uno de ellos.Entonces, verás aparecer ante ti la Isla Blanca, Hiperbórea, resplandeciendo con luz sobrenatural y los dioses te saludarán como a un igual.

2- La visión mágica Todo empieza en la mente.

Y esto bien lo sabe el demiurgo Jehová, demonio de este mundo. Por ello, trata de sumir en el caos la mente de los hombres; crea ideas falsas, contradicción, enfrentamiento y antagonismo entre complementarios, confusos debates y distracciones que sólo nos encadenan en la ignorancia y el sufrimiento... Este mundo, desde que nacemos, nos adoctrina en la ignorancia de nuestra verdadera naturaleza. Crea en nuestras mentes sutiles cadenas de discursos repetitivos y absurdos que sólo los pocos alcanzan a reconocer y rechazar. Y más pocos son aún los que consiguen liberarse definitivamente de esta tenebrosa caverna, ya que la mayoría acaba sintiéndose cómoda en este antro subterráneo y cree que no existiera más realidad que su mundo de sombras. El hombre dominado por este mundo, irremediablemente acaba vinculándose al vicio, la enfermedad y finalmente a la muerte.

“Destrucción del demonio de la dialéctica”, titula Julius Évola un capítulo de su libro “La Doctrina del Despertar”. Mediante este título, el autor italiano trata de movilizar resortes internos atascados y atrapados en la inercia del aburrimiento de lo cotidiano. Dice así el capítulo:

“El presupuesto de la doctrina budista del despertar es la destrucción del demonio de la dialéctica: la renuncia a las distintas construcciones del pensamiento, a ese elucubrar que es un simple opinar y a las múltiples variedades de las teorías, en las que se proyecta una inquietud fundamental y en las que busca apoyo un espíritu que no ha encontrado aún en sí mismo su propio principio”

El texto budista Majjhima..., CXL (III, 350) nos dice: ““Yo soy” es una opinión; “yo soy esto” es una opinión; “no seré” es una opinión; “continuaré existiendo en los mundos de la pura forma” es una opinión; “continuaré existiendo en los mundos libres de forma” es una opinión; “sobreviviré ni consciente ni inconsciente” es una opinión. La opinión, oh discípulos, es una enfermedad; la opinión es un tumor; la opinión es una llaga. Quien ha superado toda opinión, oh discípulos, es llamado santo sabio”.

Évola explica que “no es que el budismo haya intentado excluir la posibilidad de un conocimiento de los problemas, como los que acabamos de señar aquí; entonces, entre otras cosas, caería en contradicción, dado que los textos ofrecen, dondequiera que sea necesario, enseñanzas suficientemente precisas respecto a diferentes problemas. Lo que sucede es que se ha opuesto al demonio de la dialéctica y rechaza toda verdad que, teniendo como base el sólo intelecto discursivo –vitakka–, no puede tener más valor que el de opinión”.

El conocimiento, la gnosis, asociada a la serpiente, está identificada con el ser que “ve las cosas con claridad”: por extensión del concepto, un ser dotado de la capacidad de ver de forma cristalina, o sea, rico en sabiduría. Se trata de ver las cosas en su verdadera naturaleza. En la antigüedad vemos cómo el poder del dragón o de la serpiente está al alcance de los iniciados en los misterios. Y este conocimiento no se alcanza mediante la disertación ni mediante la intelectualidad estéril, sino mediante la práctica iniciática y la transmutación del propio ser.

El despertar de la serpiente de kundalini experimentado por los chamanes e iniciados modifica su fisiología e incluso su programación genética de forma radical. Esto funciona purificando y refinando su sistema nervioso, sensibilizando el cuerpo y sus impulsos y forzándolo hacia un estado espiritual. Las energías superiores se liberan, dando mayor poder de expresión a las facultades más elevadas de la inteligencia y la voluntad; los impulsos creativos y sociales florecen y, con ellos, las formas más elevadas de la religión.

La palabra dragón procede de la griega drakon, que significa serpiente. El vocablo es afín a edrakon, una forma del pasado del verbo derkeshtai, “ver con claridad”. Descubrir.

Los antiguos iniciados, los Sabios, en latín eran llamados noblis, del griego gnoblis, de la raíz del verbo “gno”, que significa “conocer”: el cual con el tiempo, se convirtió en nobile (noble) y gnosis (conocimiento): los que conocen. Este es el fundamento de la nobleza: la verdadera aristocracia, los que conocen.

En definitiva, se trata de: Otro tipo de conocimiento; Matar al demonio de la dialéctica; Ver las cosas con claridad. A la luz de estos datos, nos situamos en el diálogo entre la serpiente y Eva de Génesis 3, en la biblia judía. Recordemos que el demiurgo Jehová, causante del mundo material, había prohibido al ser humano comer del fruto del árbol del conocimiento (gnosis) del bien y del mal:

“Ahora bien, la serpiente resultó ser la más cautelosa de todas las bestias salvajes del campo que el dios Jehová había hecho. De modo que empezó a decir a la mujer: ¿Es realmente el caso que Jehová ha dicho que ustedes no deben comer de todo árbol del jardín?. Ante esto, la mujer dijo a la serpiente: “Del fruto de los árboles del jardín podemos comer. Pero en cuanto al fruto del árbol que está en medio del jardín, Jehová ha dicho: No deben comer de él, no, no deben tocarlo para que no mueran”. Ante esto, la serpiente dijo a la mujer: “Positivamente no morirán; es que sabe Jehová que el día que de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como dios, conocedores del bien y del mal”.

3- El Triunfo de la Voluntad.

La magia es la proyección de la voluntad sobre el mundo; el dominio de las fuerzas ocultas de la naturaleza. El hombre vulgar, las más de las veces cree desear algo, mas en el fondo tal deseo no es más que una idea proyectada sobre él y ajena a sí mismo. Por esto, el hombre necesitaría antes que nada aclarar si el “algo” deseado es verdaderamente deseo de su voluntad o, si por el contrario es algo extraño a él, algo que pertenece a la voluntad de otro, un agregado. Existe una ley universal que establece que para conseguir una cosa, esta ha de formar parte inseparable de nosotros mismos, o, dicho de otra forma, nosotros mismos hemos de formar parte de ello (la cosa deseada). De alguna forma, hemos de ser “ello”.

El mundo material está sujeto a unas necesidades y unas leyes que tienden a encadenar el alma en el olvido de su naturaleza divina. En este contexto distorsionado por el vértigo de la inmediatez, el hombre moderno, aturdido, trata de actuar sobre la realidad sin tener base ni fundamento firme, cayendo en la esterilidad y el despropósito, alargando su mano hacia sombras irreales.

Cristo se refiere a la generación sincronística: “buscad el Reino de Dios y todo lo demás se os dará por añadidura”. Es decir, existe una relación directa entre el creador y lo creado. Para que algo llegue a ser, el creador ha de ponerse en relación de sincronía con ello. Únicamente el mago diamantino, duro, implacable y preciso puede determinar, fijar la voluntad purificada con autoridad y poder para que ella llegue a ser.

Miguel Serrano y el esoterismo nazi, identifican al Führer como el hombre de la “Voluntad Absoluta”. Es mediante este principio absoluto y puro como se consigue que la voluntad llegue a ser realizada sobre el mundo. Este concepto se aclara en el discurso que Adolf Hitler proclama ante sus fieles seguidores, el 2 de febrero de 1933:

“Mis SA. y SS.: Ciertamente en la imaginación, lo que nosotros queríamos también existió antes. En justicia, no hay idea de la que pueda decirse que haya nacido en un instante. Todo lo que es pensado, lo ha pensado alguien con anterioridad, todo lo que aparece en la imaginación humana, fue también por otros imaginado.

Pero lo importante es que tal imaginación, pensamiento o idea, encuentre el camino de salir del débil terreno del ideal para llegar a realizarse, que tal idea encuentre los cuerpos y la organización que le den forma, y que de esta idea y de su organización, se logre crear, con esfuerzo, la fuerza que permita convertir en realidad lo imaginado”.

El poder del mago reside en sincronizar su ser y su voluntad a la obra con absoluta precisión y claridad. Fijada la voluntad, esta es proyectada con autoridad y poder hacia las dimensiones del tiempo y el espacio. Todo ello se conforma en el ritual, las fórmulas mágicas, la invocación (mediante la palabra), la visualización, la proyección... el mago desarrolla un “laboratorio” donde proyecta su poder y su voluntad purificada.

4- La magia egipcia.

Egipto es, según reclama su propia tradición más verdadera, heredera del conocimiento atlante-hiperbóreo. Entre los misterios más fascinantes de la enigmática civilización egipcia destaca la cualificación de sus magos. Estos eran auténticos especialistas al servicio del estado y su prestigio se mantuvo durante milenios.

Los magos egipcios eran escogidos desde el nacimiento e incluso antes. Los oráculos y la videncia mediante trances inducidos ocupaban un lugar central en la iniciación. Tal y como ocurre hoy aún entre los lamas tibetanos, los sacerdotes egipcios reconocían en el niño signos que lo identificaban como la última encarnación de un mago fallecido u otra alma superior.

Estos pequeños eran apartados de sus familias y llevados a la Casa de la Vida de algún templo, donde empezaban a recibir una educación especial. Tras años de instrucción y una vez superadas las correspondientes pruebas iniciáticas, el nuevo mago accedía a los secretos del más allá y, mediante su voluntad, su mente y su voz, estaba en condiciones de controlar la materia y la energía. El mago debe alcanzar el dominio de heka –técnica y fuerza sobrenatural de la magia–, que le equipara con los mismos dioses. El verdadero mago posee el conocimiento de lo visible y de lo oculto, así como un poder superior sobre la naturaleza.

Aquel que alcanza la suprema excelencia se convierte en aju, término que designa uno de los catorce ka (espíritu inmortal) del dios supremo Ra y, por extensión a un ser dotado de luz propia. Este estado de espíritu luminoso es algo que los mortales pueden conseguir después de la muerte, tras superar todas las pruebas iniciáticas que les permiten traspasar las puertas del más allá, incluyendo el juicio de Maat (justicia y verdad), en el cual se pesa su corazón. Sin embargo, los magos pueden obtener esta transformación en vida, como resultado de haber experimentado situaciones similares a la de ultratumba, a través de la muerte y resurrección iniciática. Tal y como la divinidad había logrado el equilibrio tras vencer al caos primigenio, de donde todo surgió gracias a su voluntad y su palabra, en el rito el mago encarna ese mismo acto creador, imitándolo fielmente y contrarrestando así la tendencia al caos propia del mundo. Por eso, a veces los magos tienen que involucrarse en actos destructivos, con el fin de canalizar la tendencia maligna del desorden, representado por Apophis, la serpiente que cada noche ataca la barca de Ra.

Es fácil suponer que no todos los sacerdotes egipcios fueran magos, ya que también hacían falta encargados de administrar las propiedades del templo, controlar los almacenes, ayudar en los rituales... El sacerdote egipcio era un intermediario que operaba ceremonias para que los dioses actuaran, mientras que el mago ejerce como representante del dios para que determinados hechos ocurran, manipulando las energías sobrenaturales del trasmundo.

Dado que los dioses habían dado forma al mundo por medio de la palabra, el mago egipcio debe ser “Justo de Voz”, (Maa Jeru). El perfecto control de su mente y su dicción es esencial. Como recogen las fórmulas que emplea, “realmente no es él quien realiza los gestos y pronuncia las palabras rituales sino el propio dios”. Las palabras mágicas exigen una pronunciación precisa (salmodiando y/o cantando), para que su vibración interactúe con la energía que emana del espíritu que encarna el mago y se enfoque hacia el objetivo del rito.

En ocasiones, según la necesidad inmediata, el ritual mágico puede resumirse en una representación visualizada del concepto, lanzándose mentalmente y siendo acompañado de la voluntad mágica, del gesto y de la voz.

Todas las Casas de la Vida egipcias disponían de bibliotecas donde se archivaban los papiros con los textos sagrados, muchos de ellos atribuidos a Thot, dios de la magia y la escritura. Se permitía a los estudiantes consultar, o a los escribas de otros templos copiar, pero estaba prohibido entregar ese conocimiento a personas no autorizadas. En un papiro de Abydos se cita una prohibición dirigida para los asiáticos, tal vez como cautela contra los competidores persas, también famosos por su magia. Algunos sacerdotes estaban especializados en medir el tiempo, para determinar exactamente las horas del día y de la noche, con el fin de que la liturgia se celebrara en su justo momento, o para controlar la sucesión de las estaciones, tan importantes en la vida del país.

Magia y medicina eran conceptos indisolubles. Muchos de los tratados médicos que nos han llegado a través de los papiros rescatados de las tumbas son una colección de fórmulas del tipo de “huya el mal que habita en la sangre”. El médico encarna, en esta visión mágica del mundo, a un dios, o bien a un aliado de este, para combatir la enfermedad y expulsarla del cuerpo del paciente mediante órdenes e imprecaciones.

Thot había redactado 42 libros –los cuales posteriormente los griegos llamarían herméticos–, que compendian toda la sabiduría revelada por los dioses a los egipcios, incluyendo el secreto de la inmortalidad. La diosa leona Sekhmet es la deidad principal de la medicina. Existía un sacerdocio especial encargado de transformar en benéfico su gran poder destructivo y reconducirlo hacia la sanación de las enfermedades.

Los magos oficiales eran sacerdotes formados en una Casa de la Vida y realizaban rituales de iniciación, formando parte del organigrama civil y religioso del estado, según las funciones y especialidades que cada uno tuviera. En este sentido, constituían una clase al servicio del gobierno de los dioses, sus ministros en la tierra.

Durante milenios la magia tuvo la capacidad de obrar prodigios, consiguiendo guiar el poder político, económico, militar y religioso y obteniendo protección contra los enemigos y éxitos de todo tipo. No obstante, el prestigio de la magia hizo que existiera una fuerte demanda social de este tipo de servicios por parte de la población general, lo que derivó en la aparición de magos populares (hekay), consultados por los más variados propósitos. Esta suerte de hechiceros, curanderos o supuestos videntes sin cualificación ni prestigio de los auténticos magos tenía un significado peyorativo para las personas cultas.

Pero con el tiempo, esta superstición y pseudo-magia (igual que sucede hoy en día en el mundo “democratizado”), fue ganando espacio en todo este mundo, quedando la verdadera magia (la nacida del íntimo contacto con el mundo divino), cada vez más y más relegada. En el final, el País del Nilo no era ni la sombra de lo que un día fue. La bastarda vulgarización de sus divinos secretos acabaría acarreando su definitiva desaparición...

Pasó el tiempo y la magia egipcia fue recuperada por Occidente. Remontando el río de la civilización griega, uno de los grandes pilares de la cultura europea, acabamos nuevamente en las fuentes ocultas del Nilo. Platón, Pitágoras y la abrumadora mayoría de sabios griegos fueron iniciados en Egipto, donde la tradición sitúa la iniciación de los grandes taumaturgos y hombres divinos: desde Alejandro Magno hasta Apolonio de Tiana y el propio Cristo. Gracias al hermetismo greco-egipcio transmitido por la figura de Hermes Trismegisto (la forma que adquirió el dios Thot durante la helenística), se realizó una síntesis incorporada por la Gnosis y el cristianismo primigenio.

En el siglo IV d.C., Jámblico resumió la tradición mágica egipcia en su libro “De los misterios de los egipcios”, que sería redescubierto por el humanitarismo italiano bajo el mecenazgo de Cosme de Medici y traducido por Marcilio Ficino en el siglo XV. Desde ese momento, este conocimiento se extendió rápidamente por toda Europa, constituyendo una de las fuentes fundamentales de la magia erudita del Renacimiento. Todo esto se produjo en sincretismo con otras corrientes inspiradas en el Hermes Gnóstico que, a lo largo de la Edad Media, también se había difundido en el continente a través de alquimistas y ocultistas de diverso origen.

La Tradición mágica atlante-hiperbórea tiene un importante referente en Egipto. Cargar amuletos y talismanes, realizar invocaciones, conjuros, hechizos y encantamiento... Es de destacar en la magia egipcia un conjunto de técnicas mágicas destinadas a captar espíritus y fijarlos en estatuas. De esta forma, las estatuas devienen en vivientes, en lo que es una operación de la obra alquímica.

El modelo de la alquimia interior y del rito iniciático –con la muerte y resurección simbólica–, consiguiendo el acceso a la divinidad...

Las técnicas desarrolladas para inducir la videncia en estados de trance –incluyendo el empleo de espejos mágicos–, fueron especialmente desarrolladas en el antiguo País del Nilo, como también la ciencia de los números mágicos y las formas de la geometría sagrada asociadas a los mismos: pentagrama, estrella de siete y ocho brazos, eneagrama...

Este simbolismo incluye la forma sublime de la pirámide como codificación del doce (cifra de los signos zodiacales, del tiempo cósmico y raíz del círculo de la esfera), que es el resultado de la multiplicación de su base cuadrada por sus ángulos triangulares.

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