sábado

*** Para una Vida Mejor***



Para una Vida Mejor

Usted siempre soñó con una vida feliz y está perplejo ante la inutilidad de sus esfuerzos, hasta ahora, en el sentido de alcanzar ese objetivo.

¿Será que la felicidad no existe?

Un día, yo leí este mensaje: Ya que no puede ser feliz, aprenda a convivir con la infelicidad.

No estoy de acuerdo.

Si sus deseos de felicidad no pueden ser alcanzados, su vida no pasará de una irrealización, de un proyecto imposible.

En ese caso, sería lo mismo que decretar la quiebra de la capacidad del Creador.

Pero, para su gran alegría, le afirmo que la felicidad existe y está a su alcance.

Esta jornada mística le va a abrir las puertas de la felicidad y usted, finalmente, entrará en el reino de los Cielos, que el Maestro pregonaba hace dos mil años.

Hasta ahora usted no consiguió nada, a pesar de haber lanzado las redes, como sucedió con los discípulos de Jesús la noche en que mucho trabajaron y nada pescaron.

Es que mientras usted vive en el vaivén de emociones y pensamientos contradictorios, mientras usted se debate en la corriente de las aflicciones y de los tormentos internos, se hace difícil, o casi imposible, alcanzar las profundas aguas interiores que permiten el acceso al reino de los Cielos aquí en esta vida.

Pero, tranquilícese.

Ahora usted mismo abrirá la vía que le permitirá el acceso al país de la felicidad, o, como decía Jesús, al reino de los Cielos.

En verdad, si todos los caminos llevan a Roma, no todos llevan al reino de los Cielos.

Siga, sin embargo, por esta senda segura y verá que su mente se iluminará como la aurora ilumina las flores y colma de oro las gotas de rocío.

Su salud se renovará.

Este es el camino místico que curará enfermedades y restablecerá la armonía del cuerpo.



La Salud vuelve a Usted

¡Cómo lucha usted, diariamente, para reencontrar las energías físicas y crear vitalidad orgánica! ¡Recuerde los numerosos tratamientos, los numerosos médicos, las numerosas experiencias, las numerosas tentativas, los numerosos remedios, los numerosos procesos!

Tal vez usted hasta esté ya entregando las armas, desanimado totalmente, porque le dijeron que su mal es irreversible y fatal.

A pesar de ello, ahora un destello de esperanza brilla en usted.

Esta jornada será su salvación.

Usted alcanzará la curación total, accionando la fuerza curativa todopoderosa, que existe en las profundidades de su subconsciente.

Tenga la seguridad de que esta caminata por el destierro místico de usted mismo lo llevará a la perfección física.

Su cuerpo es la forma por la cual Dios, a través suyo, se expresa en el universo, por eso usted es llamado a tener un cuerpo perfecto, así como el Padre es perfecto, en la palabra de Jesús.

Venga a este destierro maravilloso, inicie con fe y entusiasmo esta jornada, y verá que los resultados serán realmente milagrosos.



Cuarenta Días en el Desierto

Antes de entrar a la vida pública, Jesús se retiró al desierto y allí permaneció durante cuarenta días y cuarenta noches, como lo cuenta el Evangelio.

Luego de esa jornada interior, El surge ante el mundo como el Salvador, el Mesías, el enviado de Dios, y, en comunión con el Padre, iluminado interiormente, poseído por el Espíritu Santo, salió a predicar la Buena Nueva y a realizar milagros y prodigios.

El número cuarenta es bastante usado en la Biblia, lo que significa que hay un sentido místico en su contenido.

El tiempo de preparación para la vida pública fue de cuarenta días y cuarenta noches, como vimos; luego de la resurrección estuvo cuarenta días con los apóstoles. Moisés ayunó cuarenta días y cuarenta noches antes de recibir las Tablas de la Ley; al llegar al pueblo con las Tablas de la Ley, lo vio caído en la idolatría; entonces, quebró las Tablas y ayunó cuarenta días y cuarenta noches más, para recibir las segundas Tablas de la Ley. La ciudad de Nínive tuvo que hacer penitencia cuarenta días, para librarse de la destrucción. El diluvio druó cuarenta días. Elías ayunó cuarenta días y cuarenta noches al subir al monte Horeb; los judíos pasaron cuarenta años en el desierto. Ya en la liturgia cristiana tenemos los cuarenta días de cuaresma, antes de las fiestas de Pascua.



Jesús Después del Desierto

Al salir del desierto, Jesús se transformó en la palabra curativa. Se proclamó el Camino, la Verdad y la Vida. Dominó todas las fuerzas negativas, tanto de las enfermedades mentales como de las físicas. Sobrepasó la acción de los enemigos, ofensores y agresores. Era la paz, el amor, la grandeza, la nobleza, la palabra, el carisma. Vivió siempre en el reino de los Cielos, que predicó a los otros.

Al emerger, con esas Fuerzas Divinas en sí mismo, estuvo por encima de la fascinación del poder temporal, de la vanidad y del orgullo.

En El se equilibraban maravillosamente la grandeza y la simplicidad, la justicia y la misericordia, la tolerancia y la perfección.

Usted también pasará, a partir de hoy, cuarenta días y cuarenta noches en el desierto de usted mismo, en comunión con el Padre y con el Espíritu Santo, abriendo los canales de su mente, de su corazón y de su cuerpo, para que la iluminación mental y la perfección física se manifiesten en forma esplendorosa en usted.

Esté seguro de que será gran acontecimiento de su vida. Por este camino alegre y positivo usted golpeará la puerta del reino de los Cielos. Y será saludable y feliz.



Las Cuatro Etapas

Estos cuarenta días comprenden cuatro etapas de diez días cada una.

En la primera etapa, usted recorrerá los caminos de la mente, purificándola, abriéndola de par en par, para que la Luz Divina la alcance totalmente. En estos diez días usted se liberará, acabará con los complejos, con los sentimientos de culpa, con los miedos, con las preocupaciones, con los traumas, con los problemas, con los nerviosismos, con la depresión y con los errores y pecados.

En la segunda etapa, usted acabará con el vacío insoportable del corazón, con la soledad, con el odio, con los fracasos en el amor, con el desamor, con los problemas sexuales, con el miedo de perder el amor, con los complejos del corazón, con la incapacidad de perdonar y con el corazón duro y frío.

En la tercera etapa, su cuerpo será lavado, abriendo todos los canales para que el flujo curativo y la energía vital alcancen todas las células, átomos, órganos, glándulas, sangre, huesos, piel, nervios y músculos.

En la cuarta y última etapa, usted tendrá la mente ilumianda, el corazón iluminado, el cuerpo iluminado; sentirá a Dios en usted mismo, descubrirá su propia grandeza, establecerá contacto con el Poder Infinito en su interior, será positivo, perfecto, claro y entrará en el reino de los Cielos.

Autor: Lauro Trevisan

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